A sus 28 años, el atleta busca abrir oportunidades para otros jóvenes sordos mientras persigue el sueño de llegar a unos Juegos Olímpicos
Christopher Melenciano aprendió a correr sin escuchar el disparo que marca el inicio de una carrera. En la pista, donde sus compañeros esperan el sonido para arrancar, él depende de la vista, la concentración y años de entrenamiento para saber cuándo comenzar. Así ha convertido una dificultad en parte de su preparación y el atletismo en el camino para demostrar que el silencio no es un límite para alcanzar sus sueños.
La discapacidad auditiva pudo representar una barrera para Christopher, pero el atleta dominicano, de 28 años, encontró en el deporte una forma de superar obstáculos, alcanzar metas y demostrar sus capacidades.
Es atleta y policía activo. Entre sus sueños está ingresar a la universidad para estudiar Educación Física y, en el futuro, utilizar esos conocimientos para ayudar a otros jóvenes sordos. “Me siento muy orgulloso de representar a los sordos”, expresa al hablar de lo que significa competir y llevar los colores de la República Dominicana.
Pero la historia de Christopher no comenzó en una pista ni con una medalla. Comenzó en su infancia, cuando su madre, Marisol Reyes, empezó a notar que su hijo no reaccionaba de la misma manera que sus hermanos.
Una madre que le abrió el camino
Marisol recuerda que Christopher tenía alrededor de tres años cuando comenzó a darse cuenta de que algo era diferente. Mientras les contaba historias a sus tres hijos, sus otros hijos reaccionaban con risas, pero Christopher no. Él los observaba y los miraba, tratando de entender por qué sus hermanos sonreían.
La preocupación llevó a su madre a buscar respuestas y a acercarse a la Escuela Nacional para Sordos. Pronto comprendió que llevarlo a la escuela no era suficiente. También necesitaba aprender a comunicarse con él.
Comenzó entonces a estudiar lengua de señas y a acompañarlo de cerca en sus tareas y en cada etapa de su formación.
Aquel proceso transformó la vida de Marisol. Con el tiempo, no solo logró comunicarse con su hijo, sino que comenzó a trabajar con niños sordos y a apoyar a otras familias que enfrentaban situaciones similares. “Es muy importante que los padres aprendan señas. La comunicación con los hijos es fundamental”, sostiene.
Su papel en la vida de Christopher ha ido mucho más allá del de una madre. Se convirtió en su apoyo, amiga, guía y acompañante durante las distintas etapas de su crecimiento, mientras enfrentaba las dificultades económicas y sociales que implicaba sacar adelante a sus hijos.
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Falta de intérpretes se convierte en otra barrera
Las dificultades de Christopher Melenciano como atleta con discapacidad auditiva no terminan cuando entra a la pista. En sus viajes y competencias internacionales, la falta de intérpretes y de acompañamiento también se ha convertido en una barrera que limita su comunicación y su desenvolvimiento en igualdad de condiciones.
En una de sus salidas al extranjero, Christopher tuvo que mantenerse en contacto con su madre, Marisol Reyes, a través del teléfono. Mientras él se encontraba fuera del país, ella permanecía pendiente desde República Dominicana, incluso durante la madrugada debido a la diferencia horaria.
Reyes también recuerda una competencia internacional en la que, mientras otros atletas eran entrevistados por los medios de comunicación, Christopher quedó al margen debido a la barrera de comunicación.
Para la familia, esas experiencias dejan en evidencia que la inclusión no termina cuando un atleta con discapacidad auditiva entra a la pista. También significa contar con intérpretes, poder comunicarse, participar en entrevistas y tener acceso a las mismas oportunidades que los demás competidores.
La falta de estos recursos no solo dificulta la comunicación de Christopher, sino que también puede limitar su participación plena en espacios donde debería tener la posibilidad de contar su historia, expresar sus emociones y compartir sus logros como cualquier otro atleta.
Christopher no pide privilegios. Quiere que las puertas que alguna vez estuvieron cerradas para él se abran también para los jóvenes con discapacidad auditiva que vienen detrás.
Del barrio a la pista
Antes de encontrar su camino en el atletismo, Melenciano practicó boxeo y tuvo acercamientos al béisbol. Su madre procuraba mantenerlo vinculado al deporte y evitar que su discapacidad se convirtiera en una razón para permanecer alejado de las actividades.
El talento para apareció casi por casualidad. Durante un campamento deportivo realizado en el Centro Olímpico, el entonces entrenador y dirigente deportivo Jaime David Fernández Mirabal observó las habilidades de Christopher y comenzó a apoyarlo.
Desde entonces, el atletismo fue ocupando un espacio cada vez mayor en su vida.
Sin embargo, la pista también le presentó uno de sus primeros grandes desafíos: la salida.
Christopher no podía escuchar el disparo que marcaba el inicio de las carreras. En sus primeros años, aquello provocaba situaciones difíciles. En ocasiones arrancaba antes que los demás competidores y debía regresar porque se había producido una salida falsa.
Su madre recuerda aquellos momentos con emoción. Mientras veía a los demás corredores avanzar, Christopher tenía dificultades para reaccionar al mismo tiempo, una situación que le provocaba tristeza y preocupación.
Pero él no abandonó. Con entrenamiento y disciplina aprendió a utilizar la vista como referencia. En las competencias para atletas sordos se emplean señales visuales, como un sistema de luces, para indicar la salida.
En las competencias junto a atletas oyentes desarrolló su propia estrategia hasta acostumbrarse a reaccionar visualmente. Lo que al principio parecía una desventaja terminó convirtiéndose en parte de su preparación.
Medalla que resume años de lucha
La historia de Christopher también está marcada por la perseverancia. Su participación en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 fue una muestra de que las dificultades no han sido suficientes para detenerlo en su camino hacia sus metas.
En relevo mixto 4×400 metros, junto a Marileidy Paulino, Erick Sánchez y Anabel Medina, Christopher conquistó la medalla de oro representando a República Dominicana.
Detrás de ese logro hay años de preparación, sacrificios y momentos difíciles que, lejos de hacerlo desistir, lo impulsaron a continuar trabajando por sus sueños.
Para Christopher, compartir la pista con la campeona olímpica dominicana Marileidy Paulino y representar al país en unos Juegos celebrados en su propia tierra fue mucho más que una competencia.
Fue también una oportunidad para que más personas conocieran su historia.
“Me sentí demasiado emocionado”, recuerda al hablar de aquel momento y del respaldo recibido de la comunidad sorda, el Ministerio de Deportes y la Policía Nacional.
El momento en que vio la bandera dominicana en alto quedó grabado en su memoria.
Durante buena parte de su carrera, muchas personas ni siquiera sabían que era sordo. Su participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe permitió que su historia llegara a un público más amplio.
Para Christopher, esa visibilidad tiene un significado especial. No quiere que su historia termine en él. Quiere que otros jóvenes sordos también encuentren oportunidades para demostrar hasta dónde pueden llegar.
“Quiero que se abran puertas”
Christopher y su madre quieren que los atletas sordos tengan mayores oportunidades para desarrollarse y representar al país.
Según explican, la falta de una estructura deportiva que represente de manera efectiva a esta comunidad ha dificultado el desarrollo y la participación de atletas sordos en competencias internacionales.
Christopher recuerda momentos en los que, pese a su preparación y resultados, las oportunidades no llegaron. “Necesitamos igualdad con las personas oyentes”, afirma.
Su madre sostiene que la situación no afecta únicamente a su hijo. Asegura que existen otros jóvenes sordos con talento para diferentes disciplinas deportivas que no encuentran espacios adecuados para entrenar ni reciben el acompañamiento necesario.
Baloncesto, natación, béisbol y otras disciplinas también forman parte de las actividades practicadas por personas sordas. Sin embargo, según su testimonio, las oportunidades no llegan de la misma manera a todas las comunidades, especialmente fuera de los principales centros urbanos.
Por eso, Christopher Melenciano insiste en que su sueño va más allá de ganar medallas.
También quiere abrir caminos para quienes vienen detrás.
De atleta a policía
Otro capítulo importante de su vida comenzó con su incorporación a la Policía Nacional.
Christopher cuenta que desde joven soñaba con pertenecer a la institución. Gracias al respaldo que recibió del general Jacobo Mateo Moquete, pudo ingresar a sus filas y convertirse, según su testimonio, en el único agente sordo dentro de la institución.
Para él, formar parte de la Policía representa otra oportunidad para demostrar que las personas sordas pueden asumir responsabilidades y aportar en igualdad de condiciones.
También destaca el respaldo recibido durante su participación en los Juegos Militares Nacionales, donde logró buenos resultados deportivos.
El uniforme policial y la ropa deportiva representan así dos facetas de una misma historia: la de un hombre que se ha negado a dejar que las barreras de comunicación definan su futuro.
Un atleta que quiere dejar huellas
Christopher sabe que todavía quedan obstáculos por superar.
Sabe que necesita más apoyo, que persisten las barreras por comunicación y que muchos jóvenes sordos todavía esperan una oportunidad para demostrar sus capacidades.
Pero también tiene claro cómo quiere ser recordado.
No solamente como un atleta que ganó carreras, sino como alguien que utilizó el deporte para abrir puertas y demostrar que las circunstancias no tienen que determinar el destino de una persona.
Su mayor sueño no es únicamente subir al podio.
Es que otros niños sordos puedan mirar su historia y pensar que ellos también pueden.
“Yo puedo”, repite Christopher cuando habla de su carrera.
Y en esas dos palabras parece concentrarse toda una vida: la de un atleta que aprendió a correr sin escuchar el disparo y que ahora busca que sus logros sean escuchados mucho más allá de la pista.
Japón, el próximo desafío
Ahora Christopher mira hacia otro reto. Participó el pasado 18 de septiembre en una competencia internacional en la que buscaba obtener la clasificación para el Mundial previsto para el próximo año en Brasil. Y lo logró.
El atleta dominicano se proclamó campeón de los 100 metros del XXIII Campeonato Japonés de Atletismo para Sordos, marcando un nuevo récord mundial en esta disciplina, con un tiempo de 10.17 segundos.
Allí compitió junto a representantes de países como Filipinas, Gran Bretaña y Corea del Sur, entre otras delegaciones de atletas de alto nivel.
Christopher mantuvo una preparación intensa y no dejó de trabajar para llegar en las mejores condiciones posibles.
Su objetivo estuvo claro: competir, ganar y seguir acercándose a uno de sus mayores sueños: llegar a unos Juegos Olímpicos.
El deporte no es el único camino que Christopher quiere recorrer.
También sueña con ingresar a la universidad para estudiar Educación Física. Su intención es prepararse profesionalmente y, en el futuro, utilizar sus conocimientos para ayudar a otros jóvenes sordos.
Sin embargo, el acceso a la universidad ha representado una dificultad debido a la falta de intérpretes de lengua de señas.
Para Christopher y su madre, garantizar intérpretes y condiciones adecuadas en las universidades permitiría que más jóvenes sordos puedan desarrollar sus capacidades y prepararse profesionalmente.
Marisol considera que la inclusión educativa es fundamental. A su juicio, existen muchos jóvenes con habilidades y deseos de superarse que encuentran en la falta de apoyo una barrera difícil de superar.
Para Christopher, estudiar Educación Física no representa únicamente una meta personal. También es una forma de prepararse para ayudar a otros.
Una decisión que marcó una vida
Marisol guarda entre sus recuerdos un episodio de su juventud que considera determinante en la historia de su familia.
Cuando tenía 16 años y estaba embarazada de Christopher, una amiga le entregó dinero para que comprara una pastilla para abortar. Marisol tomó los 20 pesos, pero decidió no hacerlo.
Años después, al mirar la trayectoria de su hijo, considera aquella decisión como uno de los momentos que marcaron su vida.
Hoy, aquella madre que tuvo que aprender lengua de señas para comunicarse con Christopher trabaja con niños sordos y dedica parte de sus esfuerzos a acompañar a otros jóvenes de esa comunidad.
Su historia familiar terminó convirtiéndose también en una historia de acompañamiento y perseverancia.
