La población iraní teme que las elecciones legislativas de Estados Unidos del próximo 3 de noviembre no eviten una nueva ofensiva militar contra su país. Muchos ciudadanos consideran que una posible derrota republicana en el Congreso no impedirá que Donald Trump ordene nuevos ataques.
Melika, una arquitecta de 42 años residente en Teherán, cree que el resultado electoral podría incluso aumentar la tensión y provocar nuevas represalias contra infraestructuras esenciales, como las centrales eléctricas.
Ante esta posibilidad, algunas familias ya están tomando precauciones. Sasan, un contable de 38 años, asegura que ha almacenado alimentos y agua, además de preparar equipaje por si necesita abandonar la capital o salir del país hacia Turquía.
El temor también es compartido por expertos. El profesor universitario Heidar Alí Masudi considera que, aunque los republicanos pierdan el control de ambas cámaras, Trump conservará suficiente autoridad para tomar decisiones militares y de política exterior.
Durante la campaña electoral, el mandatario estadounidense afirmó que la guerra podría terminar poco después de las elecciones de medio mandato. Sin embargo, medios estadounidenses han informado sobre la existencia de posibles planes de Estados Unidos e Israel para reanudar los ataques, aunque su ejecución dependerá de la decisión de Trump.
Mientras tanto, las autoridades iraníes mantienen una postura firme. El ministro de Exteriores, Abás Araqchí, aseguró que la política del país no cambiará, mientras que altos mandos militares advirtieron que no permitirán la entrada de buques militares estadounidenses en el golfo Pérsico.
La tensión también tiene consecuencias económicas. El conflicto en el estrecho de Ormuz ha afectado al transporte marítimo y al mercado petrolero, elevando la preocupación por los precios de la energía. Trump acusó a Irán de intentar encarecer el petróleo para perjudicar las posibilidades electorales republicanas.
Dentro de Irán, la situación económica continúa agravándose, con una inflación del 89 % y una fuerte caída de su moneda frente al dólar desde el inicio de la guerra.
Pese a las dificultades, Teherán no parece dispuesto a ceder. El Gobierno condiciona cualquier negociación a un alto el fuego, el levantamiento de las sanciones y del bloqueo naval estadounidense, además de la liberación de sus activos congelados.
